28/09/06

LA CIUDAD DE LAS MIL Y UNA NOCHES. (A ibtehal y Uday)

medium_27.jpgmedium_19.jpgmedium_16.jpgmedium_13.jpgMe considero una persona afortunada por muchas razones. Aunque pienso que no soy de este tiempo, confieso que cada día me convenzo más de que he de vivir intensamente el tiempo que me corresponda. No volveré a tener otra oportunidad, estoy seguro. Recuerdo las palabras de don Antonio, el párroco de Santiago, cuando le dije que me iba a visitar Mesopotamia, formando parte de un viaje solidario para denunciar el embargo, la falta de medicinas y la situación de bloqueo del pueblo iraquí. “No has de quedarte a la sombra del campanario. El mundo es muy amplio y el bagaje es la mayor riqueza del ser humano...”, me comentó con la rapidez de su léxico, que costaba trabajo entender.
Compartir la sonrisa de los niños, la tristeza en los ojos de la mujer o la sabiduría de unos ancianos que añoraban sus raíces, muy ligadas a la Península. Sinceramente, me he sentido un miembro más de ese pueblo, perdiéndome por las estrechas callejuelas, contemplando la puesta del sol o la luna reflejada en el Tigris y he soñado al retrotraerme varios siglos al observar las casas de adobes en la ribera del Eufrátes, plenas de naranjos cuajados del aromático intenso azahar.

Estos últimos días, he tenido noticias de dos personas que tuve la suerte de conocer en mi primer viaje. Al recibir el correo de ibtehal, he recordado la belleza de sus ojos, su pañuelo y el interés por conocer Córdoba y Granada. Estudiante en la Facultad de Español, en la Universidad de Bagdad, me explicó que su nombre significaba Invocación y me pareció de una belleza inmensa, solo compara con la de sus negros ojos, brillantes como el azabache. Les regalé unos pequeños libros de gramática que todavía recuerda. Invocación, me dice que la tan cuidada lengua de Cervantes, tiene poco futuro tras la guerra y la situación actual de Irak, donde el inglés es vuelve a imponerse, como en la época de la colonización del Golfo Pérsico, además de esquilmar sus recursos naturales.


A Uday lo conocí una noche, en los alrededores del Hotel Al Mansur, junto al Tigris. También estudiante de español en la Facultad, intentaba ganarse unos dólares a cambio de traducir a los miembros de la Delegación española. Me dijo que le gustaría llamarse Alejandro y viajar a España. Junto a Mino, el taxista, fue mi compañero inseparable para conocer la ciudad de las mil y una noches. Escuchar sus problemas e inquietudes me reafirmaba en las letras de un poeta irakí, Abdul H. Sadoun…

¡Oh! niños de mi patria

donde el sol no sale

y la primavera

no da las visitas



vosotros que vendéis vuestra niñez

por hogazas de pan

y por latas vacías y oxidadas

dejadme abrazaros entre mis manos y lloro.

Habéis olvidado,

los nombres de vuestras escuelas

los momentos de inocencia

y ante todo

habéis olvidado que

aún sois niños.

vuestras alegrías

se han apagado

como playas en las barcas

las han abandonado

y sobre sus arenas

no se han paseado

las blancas gaviotas.



¡Oh! pajaritos

estoy arrodillado ante vosotros

como un santo delante de Dios.


Recuerdo a Alejandro, cinco días antes de comenzar a caer bombas sobre su pueblo, cuando con lágrimas en los ojos, entre la multitud agolpada en el aeropuerto internacional, cuando se despedía de nosotros, quizás para siempre. Al tiempo, supe que pudo escapar del infierno, mediante un salvoconducto facilitado por una televisión chilena. Me cuenta que vive en Chile, aunque su sueño es España, y que será padre en unos días, fruto de su amor con una chica argentina. Bendita mezcla de sangres y culturas. Pero todavía soñamos con la calle Haifa, con el té o los paseos, impregnados de cultura, respeto y convivencia entre religiones en una ciudad que no reconozco ante la barbarie iniciada en la foto de las Azores. Malditos sean los que deciden sembrar la muerte y el terrorismo entre pueblos pacíficos como el de Mesopotamia.

21/08/06

SÍNDROME VACACIONAL DE FINALES DE AGOSTO (Conceptos de Solidaridad y Justicia)

Estos días, previos a la crisis de vuelta al trabajo tras las vacaciones, mi pensamiento está con las personas que las aprovechan para contribuir a paliar el sufrimiento de miles de personas que malviven en los países, mal llamados, del Tercer Mundo. No es necesario desplazarse muy lejos para colaborar en esas actividades. Los tenemos mucho más cerca de lo que, a veces, pensamos.medium_19libano.2.jpg
Concretamente, me gustaría pasar estas vacaciones en el sur del Líbano, por poner un ejemplo muy actual de los miles de lugares donde elegir. En mi caso, sería volver a compartir lo poco que disponen algunos campamentos de refugiados, de un pueblo que malvive más de 40 años en lugares que algunos no los admitirían para los animales de compañía. Callejuelas estrechas, donde no caben dos personas a la vez, por la limitación de expansión. Frágiles edificaciones que crecen en vertical, hasta límites insospechados, las aguas residuales recorriendo el centro de los angostos callejones, carencia de servicios sanitarios…medium_28libano.3.jpg
A primera vista, poco pueden aportar a un turista esas personas que tienen prohibido ejercer más de 40 profesiones en Líbano o Jordania, condenándolos a ser mano de obra barata y sin formación. Nos pueden ofrecer la sabiduría de un pueblo que sufre, desde hace décadas, la diáspora que supuso la expulsión de sus tierras y bienes, en la bíblica tierra prometida de Palestina, su capacidad de lucha, su hospitalidad, como buenos árabes y, especialmente, la dignidad como seres humanos, que no desmayan ni renuncian a sus raíces y su historia.medium_20libano.2.jpg
No es sencillo ser un apátrida, en un país, que hace unos meses, se recuperaba a pasos agigantados, de una larga guerra civil y ocupación, en la que se habían destruido las infraestructuras de comunicación y todos los elementos productivos. Beirut, hace tres años, era una ciudad en pleno desarrollo, con evidentes huellas de una cruel y larga guerra. Pero los libaneses se bañaban a orillas del Mediterráneo que nos une, florecían los negocios y el turismo se convertía en una fuente de riqueza con muchas posibilidades. En el sur, Qana, Sidón, Tiro… ciudades cuyo solo nombre evoca la historia que conservan, hoy han reabierto las sangrantes heridas mediante bombas, odio y sin razón. Un poco al norte, Trípoli y el puerto de Bybloss, cuna del alfabeto, es bañada por la marea negra, que tiñe las bellas murallas que protegieron el puerto durante siglos, originada por la sin razón y el caos.medium_29libano.jpg
Pero merece la pena comprobar como el pueblo se organiza. Incluso superando a su propio Gobierno. Con la dignidad que han hecho frente a la invasión del mejor ejercito del mundo, cuyos pertrechos y ojivas financia la democracia que guía a occidente. Como en muchos casos, no solo es solidaridad lo que necesitan los pueblos o las personas que sufren. Quizás con JUSTICIA, tendrían suficiente. Pero la Justicia que impregna en los valores positivos y derechos de la humanidad. No la Justicia que inventan los poderosos para aplicarla a los humildes, de forma sistemática, hasta hacernos y hacerles creer que las victimas son los verdugos y viceversa. ¿Tan complicado es?