11/05/08
“LA TRISTEZA Y EL MAR”
Existen algunos lugares por los que tengo una querencia especial. En los momentos de tristeza o angustia, me gusta sentirme libre, identificado con lugares especiales que no se, realmente si lo serán, pero no me ha sido difícil hacerlos en mi mente de loco soñador. Aunque soy de tierra adentro y me encantan los rincones del Valle del Guadalentín o ciertas atalayas, en peligro de extinción por la voracidad de la especulación y la codicia, Hasta los 19 años fueron contadas las ocasiones que tuve contacto con el mar pero su inmensidad y grandeza me embrujó de una forma intensa. Cada visita, descubro sensaciones nuevas ante el misterio que solo puede compararse con la noche estrellada o el brillo de la luna.
"Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto como un viaje.
Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma."
(Retazos del poema 12. Neruda)
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27/04/08
“LA TRISTE MIRADA DE SOFI” (Dedicado a Felipe, por su amor a los animales, entre otras virtudes)
Hace unos cuantos años, recibí un mensaje en el móvil, invitándome a un campeonato de carreras de galgos, que se celebraba en la Pedanía del Paretón, coincidiendo con las fiestas de Las Lomas. Campeonato del Levante, creo recordar. Aunque la caza o las carreras no son mi fuerte, viniendo la invitación de donde venía, me presenté con toda la ilusión para pasar la mañana, bajo un sol de justicia, viendo a los galgos correr tras una zamarra de piel de liebre, tirada por un cable.
Entre los dueños de perros, se encontraba un crío espigado, que acariciaba y cuidaba a una perra participante, de nombre Sofi, de la que Felipe, se le notaba el orgullo, por encima del pelo. A pesar de la ilusión del zagal y la voluntad de la musculosa galga, de raza inglesa, ese día no cosechó ningún premio, bajo un sol de justicia que enrojecía la piel y hasta el cuero cabelludo. Me contó como la cuidaba y que por las tardes la sacaba a correr, para mantenerla en forma. Si ese día, lo premios se fueron a los galgos foráneos, Sofi, obtuvo trofeos en Lorca y llegó a corre un campeonato en la Gineta.
La bella estampa de un galgo, tras la liebre, le da a ese deporte (con final trágico para la pobre liebre), una belleza singular. Las señaladas costillas, lo fibroso del cuerpo, es muy atractivo, hasta para los que no le tenemos especial querencia a la caza. Un día, hace 3 años y medio, Felipe me comentó que estaba corriendo a Sofi y se había perdido. Aunque ya no participaba en carreras, era tal el cariño por la perra que la estuvo buscando durante semanas, por los parajes del Paretón, donde podría encontrarse, quizás desorientada. Al final, dieron a Sofi por desaparecida o muerta. Vete a saber lo que habría pasado con la perra.
La pasada semana, me comentó Antonia (la madre de Felipe), que había llamado de un pueblo, en el sur de Madrid, avisando que Sofi (casi cuatro años después y 600 kilómetros de distancia), había aparecido en el capó de un coche y la habían reconocido por un tatuaje en la oreja, que le hicieron al federarla para participar en carreras. Ayer, sábado, tuvimos una reunión en Madrid y comentamos para aprovechar y visitar a Sofi en el Centro de Acogida de Animales Abandonados del Ayuntamiento de Móstoles. Asegurarse de que era ella y gestionar el traslado a Totana.
Cuando llegamos al Centro, donde nos atendió un atento Bernabé, que cuida los animales abandonados, con un esmero que deja en mantillas San Francisco de Asís, explicando las vicisitudes que podría haber pasado Sofi en estos años. Pedro y yo nos enternecimos al ver a Antonia, sacar una gorra de su hijo para que la perra identificara el olfato de su dueño, al que perdió hace casi cuatro años. Las caricias y besos de Antonia, no conseguían alegrar la mirada de Sofi, curtida por el tiempo y llena de cicatrices en patas, rabo y cuerpo, aunque conservando la belleza y la orgullosa figura de un perro de raza.
Los ojos tristes de Sofi, me transportaron a otra dimensión. Siempre he soñado con reencarnarme y vivir otra vida en un cuerpo diferente. Mi ilusión sería ser un gato negro y pasear por los viejos tejados de las calles san Ramón y García Alix, recortando la figura de la luna o solicitando los favores de gatas en celo, las noches del mes de enero. Antes que en alguien sin conciencia, prefiero reencarnarme en un gato y vivir la otra vida disfrutando de la noche y maullando a las rutilantes estrellas.
Pero hace tiempo me convencí, que solo podría reencárname en un perro. Y por la suerte que he tenido, en la vida de humano, no me extrañaría encontrarme encerrado en el cuerpo de un perro callejero, al que nadie da cobijo, sintiéndome un marginal ante la opulencia del resto. En esa dimensión, quise ayer, observando los ojos de Sofi, conocer lo que piensa un perro en ese cúmulo de sensaciones, antes las caricias y besos de Antonia, con los ojos llenos de lágrimas por haber encontrado la fiel compañera de su hijo, Felipe.
¿Cuánto habrá pasado Sofi en estos años? Es un misterio que quizás solo otro perro podría desvelar, si ella se lo contase. De momento, es una historia extraña y rocambolesca, con un final feliz, ante el reencuentro con Felipe la semana próxima.
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01/11/06
“EL GUARDIAN DE LAS PERDICES”
Son muy pocas las hectáreas que componen el llamado “coto de la Pallaresa”. Un espacio, al norte de Totana, casi en las faldas de Sierra Espuña, que le quedan escasos meses para ser pasto de la depredación galopante que florece en mí querido pueblo. Un sarcasmo mas, que el proyecto especulador se
denomine “Ladera de Espuña” Quizás para atraer turistas, buscando de lo que carecen, con el señuelo de un espacio natural que están poniendo en peligro, de la forma más irresponsable.
Un monte bajo, contados pinos carrascos y algunos olivos, desde el que se divisa todo el Valle del Guadalentín, la sierra de Carrascoy y, las tardes otoñales, con la luz mediterránea de profundidad única, hasta se puede divisar el mar, protagonista y testigo de las culturas más antiguas de la humanidad. El sinuoso camino, me eleva al promontorio desde que se contempla la vista única y la evolución de una zona, que se ha transformado espectacularmente en los últimos años.
Es un rincón, a espaldas de la sierra, adecuado para los furtivos y fogosos amantes o para observar el cielo, la inmensidad de la luna llena, las lluvias de estrellas o el sonido de los aviones de vuelo regular, que tienen su ruta en esa parte del cielo.
El Canal del Taibilla, camino de Cartagena, deja caer con furia sus escaso caudal, para transformar la fuerza del agua en energía eléctrica mediante una central, que tiene varios años de existencia. En mis paseos al atardecer, he percibido el olor de los arbustos aromáticos, del monte mediterráneo; el sonido de los pájaros buscando cobijo ante la noche. Los furtivos conejos, escarban la tierra, buscando las tiernas raíces del romero… Hasta una manada de jabalíes, pudimos observar una oscura y fría noche, hace casi un año. Pero la reina del lugar, es la majestuosa perdiz. El sonido de su canto nupcial, antes del apareamiento, su vuelo corto, con el sonido inconfundible de unas alas de bello plumaje y su temerosa mirada.
Las época de cría, es curioso ver a sus “perdigones” correr, ante mi presencia, y camuflarse con el terreno, con el que se mimetizan, de una forma asombrosa.
Sabia y bella naturaleza, amenazada por los bárbaros actuales y consentida por políticos pusilánimes.
Pero es este espacio, existe un personaje curioso y misterioso que atrae mi atención desde hace muchos años.
Un anciano, cuya actividad voluntaria es facilitar la comida y agua a las perdices. Con un caminar pausado, he coincidido con él en varias ocasiones. En la mochila, una bolsa de trigo y en su mano, una garrafa de agua.
En el fondo de una cañada, construyó un artilugio artesanal, para dejar su alimento a las perdices. Junto a la vasija, una poza natural en la roca, tapada con esparto, para mantener el agua, que deposita desde el camino, a través de una manguera, evitando bajar con la carga del agua. Ese anciano tiene un valor único en el entorno y siempre me he preguntado si será cazador o solo lo hace por amor a las perdices. Cualquiera de las opciones, le da un valor, para mí, fuera de lo común. Hace tiempo que no lo veo y ayer tarde bajé al fondo de la cañada. No había trigo en la vasija y el agua era muy escasa. Parece una premonición de lo que espera, con las grúas y el ladrillo en puertas.
Sentí estar ante los últimos días de esa visión tan hermosa, que me gustaría compartir, con este escrito, en homenaje al Guardián de las Perdices. Un hombre sencillo y anónimo, que ha puesto el tesón. racional y sabio, ante la inexorable codicia. La humildad de David, ante el depredador y salvaje Goliat
18:10 Anotado en SENSACIONES | Permalink | Comentarios (4) | Trackbacks (0) | Enviar a Email | Tags: Espacios Naturales en Peligro
26/10/06
“CITA CON EL MEDITERRANEO UNA TARDE DE OTOÑO” (La cala del Peñón Cortáo)
Sin saberlo, hoy tenía yo una cita a ciegas. Estoy convencido que tienen (las citas a ciegas) su encanto aunque sea consigo mismo. Mucho más cuando el encuentro se produce en un paraje singular como la cala del Peñón Cortáo. Este rincón, bañado por el Mediterráneo, se sitúa en un lugar indeterminado entre San Juan de Los Terreros y Villaricos. En la misma frontera de Al-Andalus. Una zona de monte mediterráneo, con arbustos y lagartijas, tierra azulada, que hace años conformó una galería de minas, conservan sus ruinas, quizás para transformar esa laja en cemento, previo quemado en los hornos, cuyos vestigios jalonan la costa. Y esparto, mucho esparto.
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La visión del Mediterráneo es única, por su belleza y calma de sus aguas. Es como una acuarela de Sorolla. Las mansas olas, arrastran en su vuelta al mar, la arena rodada, con un sonido que se confunden con el de una fuente de agua cristalina, en la Alhambra de Granada o la del Patio, en la Mezquita de Córdoba. El crepúsculo de un otoño cálido, conforma la más bella estampa, que da paso a una luna creciente, como si de un alfanje se tratase. Camina rauda la luna, a esconderse por la zona en que las abejas laboran las escasas flores de romero y otros arbustos endémicos de esa árida zona. En mi tristeza, recuerdo los retazos de un verso precioso de Miguel Hernández, de dedicado a Ramón Sijé; “…pajareará tu alma colmenera, de angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores…” El más hermoso canto a la vida que jamás se ha escrito
Abajo, junto a mar, las rocas erosionadas entonan un sonido gutural, cuando llena, con sus suaves embates, lo huecos de la piedra. Junto a la arena deslizándose, observo las delgadas de huellas de gaviotas, que se tornan en palabras al observar la cueva natural del peñón cortáoUn lugar paradisíaco, al que va muy poca gente. Las fotos son oscuras, por los escasos rayos de claridad que le queda a la tarde. Todavía más belleza, pienso yo. Debe ser un lugar único para amantes, que en el desenfreno del deseo, mezclan sus cuerpos con la suave arena, como queriendo fundirse con la naturaleza, "cuan el arrullo de los enamorados labradores..."
A lo lejos, siguiendo la estela del mar, unas tenues luces delatan a los pescadores (¿o contrabandistas?) Es un momento mágico, esa sensación de libertad, de pureza ante la depredación salvaje. Siguiendo la costa con la mirada, las farolas de Villaricos, y al fondo, muy al fondo, quiero imaginar el Cabo de Gata. La brisa marina, humedece mi piel.
Un trozo de los pocos parajes salvajes que aguantan la codicia de los ladrilleros. Calblanque, Puntas de Calnegre, Marina de Cope o las solitarias calas, que baña el mar desde Águilas a Vera. En el cielo, negro como el azabache, comienzan a tiritar los astros azules, que se adivinan entre la fina niebla. El estado de desamor o tristeza, que cantaba el vate, Neruda, en sus “20 poemas de amor y una canción desesperada” es el mejor momento para valorar las cosas bellas y los momentos que merecen la pena sentir, soñar y vivir intensamente. Las que no tienen precio, como imagina un solitario soñador, añorando el cuerpo desnudo de una mujer, imaginando que emergerá de las tibias aguas, como si de una sirena se tratase.
00:15 Anotado en SENSACIONES | Permalink | Comentarios (4) | Trackbacks (0) | Enviar a Email | Tags: Espacios Naturales




