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21/02/07

“ESPERANDO LA LUNA NUEVA”

Es como un ritual mágico. Esperar, ante la bóveda del cielo estrellado, a que llegue la luna nueva. Mi abuelo, Juan, me enseñó, sin pretenderlo, a dialogar con las estrellas. Me decía que si miraba mucho al cielo, la Luna me llevaría con ella una noche. Me contaba una historia fantástica, sobre un leñador que de tanto observar la luna, un día se lo llevó. En mi fantasía de niño, al ver la luna, “veía” al anciano leñador, con su acémila y el haz de leña. Es una ilusión óptíca que, pasados los años, sigo creyendo ver en el satélite de la tierra. Quizás me sirve para recordar el aprendizaje que, de niño, mi abuelo se empeñaba en darme, para que interpretase el cielo en la noche. Junto a la luna, existe otra figura, que se une a ella y me hace soñar, mientras el rocío empapa mi espalda y reverdece el aroma del romero. Se trata de los gatos negros. De pequeño, tuve una gata negra, cuyo medium_Familia_y_Gata.jpgnombre no recuerdo, que me regaló una chica, vecina de mis padres, llamada Tina, a la que hace tiempo no veo.
Entre la gata y la luna, pasaba muchas noches, deleitando la mirada, sobre los misteriosos ojos del felino y la blanca luz de la luna llena, en calles con apenas alumbrado. Mi gata, era una gran cazadora de ratones y quizás por esa destreza, me permitieron tenerla conmigo hasta que murió de vieja.medium_Gata_negra.jpg
Esta noche he coincidido con una gata negra, arrastrando el fruto de sus amores de enero en las entrañas, buscando algún torpe topo que llevarse a la boca, en una lucha desigual. He ido a buscar la tranquilidad del cielo medium_Luna.Llena.2.jpgestrellado, que espera la luna nueva, aunque han de pasar unos días para que llegue. Desde un lugar especial para mí, en el que he superado crisis y levantado la moral ante el desánimo. En ese lugar, he buscado la paz que no encontraba, me he refugiado a estudiar el Derecho Romano o Visigodo y he comprendido qué son fuentes del derecho (como la costumbre). La oscuridad y el silencio, no impide escuchar los sonidos de la noche y alejar la mirada de esa contaminación lumínica que distorsiona el cielo. La humedad de la noche y la flor del romero, preparada para ser libada por las abejas, como un beso apasionado, contrasta con la belleza de un arbusto aromático, que compite con los blancos y efímeros pétalos de los almendros en flor.
Mi casual compañera, la gata negra, ha sustituido a la luna y me ha llevado a ese tiempo, como si se hubiese reencarnado en la que me regaló Tina, hace tantos años… No estaba la luna; tampoco las perdices… pero he sentido la tranquilidad que buscaba, aunque haya sido en pequeñas dosis, como el aroma a la tierra húmeda o el perfume de brea. Quería ver el leñador que me contaba mi abuelo, pero habré de esperar unos días, para adivinar una silueta, que sigue existiendo en mi imaginación.

16:05 Anotado en ESCUCHANDO EL SILENCIO | Permalink | Comentarios (8) | Trackbacks (0) | Enviar a Email