« lun 25 sep - dom 01 oct | Página de inicio | lun 30 oct - dom 05 nov »

28/10/06

“LA HUELLA DE LOS SENTIDOS”

El universo de sentidos que anidan en nosotros, nos hacen percibir esas sensaciones que, en ocasiones, nos marcan durante toda una vida. No soy una excepción, en este Valle de Lágrimas. No podría concebir, por ejemplo, una vida sin la vista. Privarme de esas estampas bellísimas, que nos ofrece la naturaleza o la creatividad de los hombres y mujeres, sería muy triste. Pero de los cinco, el que más me ha influido en mi primario desarrollo es, sin duda alguna, el olfato. Esos aromas que nos hacen identificar los recuerdos y sensaciones, que permanecen durante toda la vida en nuestro cerebro, por años que pasen.medium_20060329151252-miedo.jpg

Ese intenso olor de la flor del azahar, tan característico de la zona en donde vivo y que cada día tiene los espacios más escasos, por la depredación salvaje o la tierra mojada en el monte, mezclados con el romero, el tomillo, orégano o el hinojo, tan actual en esta fechas de otoño, anunciando el llenado de las orzas.medium_Rueda_Prensa_entrevista_y_mercado_Verónicas._Octubre_06_010.2.jpg El pan, caliente, recién sacado del horno, o la mezcla de efluvios, que conviven en los antiguos mercados de abastos, como el de Verónicas, junto al río Segura, que he recorrido esta mañana, añorando mis años de pubertad, cuando acompañaba a mi madre a comprar en unos espacios, donde las tenderas ofrecían la fruta, encurtidos, primorosas carnes, esencias, que son elaboradas como se hace en el lejano Oriente, en los zocos y mercadillos de culturas milenarias. También, como todo en la vida, los recuerdos desagradables forman parte de la memoria del olfato.
medium_naranjo_flor_azahar_2.jpg

Pero el aroma más especial que conozco es el de las personas. Sé diferenciar, con el olfato, a cuál de mis dos hijos pertenece. El aroma característico de mi nieta, Ana, me hace tener la seguridad que nunca la voy a perder. Pero el rescoldo de mi sentido, me transporta a mis raíces, cuando recuerdo el aroma corporal de mi madre o el de mi abuela, cuando me tenían en brazos, hace casi 50 años. En las noches de pesadilla y depresión profunda, que pasé hace dos años, al descubrir en mi cuerpo la enfermedad maligna, que imaginaba me devoraría con rapidez, sentía la angustia de un cuerpo, con una fiera, que forma parte de ti, empeñada en cercenar todas mis ilusiones y planes en una vida, que siempre se me antojaba corta.

Esas terribles horas, en la madrugada, de llanto callado y desesperación, añoraba, como una crío, el regazo y el aroma de mi abuela, recordando de una forma nítida, ese olor corporal al que, en mi fiebre depresiva, solicitaba que me acogiese y me ayudase a afrontar el sufrimiento y la muerte que me angustiaba, como un dogal en la seca garganta. Como queriendo volver a la madre tierra, para seguir dando vida a la vida, esa sensación de amparo, acunado por su inconfundible aroma corporal, me animaba a levantar el vuelo y luchar, superando el terror al trance, que los que nacemos hemos de pasar, tarde o temprano.medium_images.jpgNo solo el perfume francés, el vino selecto o un veguero, dejan la huella en nuestro cerebro, como las cosas sencillas y naturales. Por ejemplo, el cuerpo desnudo, después de un baño, con agua tibia y natural, al estilo de las termas romanas. Y si es en compañía, imagino que el aroma es mucho más placentero e intenso.

08:30 Anotado en CONVIVIR CON LA LEUCEMIA | Permalink | Comentarios (6) | Trackbacks (0) | Enviar a Email | Tags: El Olfato y la memoria

26/10/06

“CITA CON EL MEDITERRANEO UNA TARDE DE OTOÑO” (La cala del Peñón Cortáo)

Sin saberlo, hoy tenía yo una cita a ciegas. Estoy convencido que tienen (las citas a ciegas) su encanto aunque sea consigo mismo. Mucho más cuando el encuentro se produce en un paraje singular como la cala del Peñón Cortáo. Este rincón, bañado por el Mediterráneo, se sitúa en un lugar indeterminado entre San Juan de Los Terreros y Villaricos. En la misma frontera de Al-Andalus. Una zona de monte mediterráneo, con arbustos y lagartijas, tierra azulada, que hace años conformó una galería de minas, conservan sus ruinas, quizás para transformar esa laja en cemento, previo quemado en los hornos, cuyos vestigios jalonan la costa. Y esparto, mucho esparto.
medium_VILLARICOS_ANGELA_27_SEP_05_013.jpg
La visión del Mediterráneo es única, por su belleza y calma de sus aguas. Es como una acuarela de Sorolla. Las mansas olas, arrastran en su vuelta al mar, la arena rodada, con un sonido que se confunden con el de una fuente de agua cristalina, en la Alhambra de Granada o la del Patio, en la Mezquita de Córdoba. El crepúsculo de un otoño cálido, conforma la más bella estampa, que da paso a una luna creciente, como si de un alfanje se tratase. Camina rauda la luna, a esconderse por la zona en que las abejas laboran las escasas flores de romero y otros arbustos endémicos de esa árida zona. En mi tristeza, recuerdo los retazos de un verso precioso de Miguel Hernández, de dedicado a Ramón Sijé; “…pajareará tu alma colmenera, de angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores…” El más hermoso canto a la vida que jamás se ha escritomedium_DSCN3611.JPG
Abajo, junto a mar, las rocas erosionadas entonan un sonido gutural, cuando llena, con sus suaves embates, lo huecos de la piedra. Junto a la arena deslizándose, observo las delgadas de huellas de gaviotas, que se tornan en palabras al observar la cueva natural del peñón cortáoUn lugar paradisíaco, al que va muy poca gente. Las fotos son oscuras, por los escasos rayos de claridad que le queda a la tarde. Todavía más belleza, pienso yo. Debe ser un lugar único para amantes, que en el desenfreno del deseo, mezclan sus cuerpos con la suave arena, como queriendo fundirse con la naturaleza, "cuan el arrullo de los enamorados labradores..."
A lo lejos, siguiendo la estela del mar, unas tenues luces delatan a los pescadores (¿o contrabandistas?) Es un momento mágico, esa sensación de libertad, de pureza ante la depredación salvaje. Siguiendo la costa con la mirada, las farolas de Villaricos, y al fondo, muy al fondo, quiero imaginar el Cabo de Gata. La brisa marina, humedece mi piel
.medium_DSCN3628.JPG
Un trozo de los pocos parajes salvajes que aguantan la codicia de los ladrilleros. Calblanque, Puntas de Calnegre, Marina de Cope o las solitarias calas, que baña el mar desde Águilas a Vera. En el cielo, negro como el azabache, comienzan a tiritar los astros azules, que se adivinan entre la fina niebla. El estado de desamor o tristeza, que cantaba el vate, Neruda, en sus “20 poemas de amor y una canción desesperada” es el mejor momento para valorar las cosas bellas y los momentos que merecen la pena sentir, soñar y vivir intensamente. Las que no tienen precio, como imagina un solitario soñador, añorando el cuerpo desnudo de una mujer, imaginando que emergerá de las tibias aguas, como si de una sirena se tratase.

00:15 Anotado en SENSACIONES | Permalink | Comentarios (4) | Trackbacks (0) | Enviar a Email | Tags: Espacios Naturales