Juan José
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¿Qué decir del que veo ante el espejo de buena mañana? Es muy complicado definirse. Tanto como escuchar mi propia voz o contemplar mi imagen en una pantalla. Siempre escucho o veo a alguien pleno de defectos y escasas virtudes. Del montón, diría yo. Con dosis de soñador y utópico, que con la edad se van atemperando. Casi medio siglo de vida y con tantas cosas pendientes, que ni viviendo otros tres siglos más llegaría a la mitad. Pero sería muy aburrido y no es plan.
Me conformo con mi destino y, aunque es manifiestamente mejorable, no siento envidia casi por nada. Prefiero sobrevivir a nadar en la abundancia. En los tiempos que vivimos sería una contradicción, difícil de explicar a mi conciencia. Me rebelo ante las injusticias. Hace tiempo, soñaba con cambiar el mundo. Ahora, lucho para que él (el mundo), no me cambie a mi. Cada día detesto más la codicia por dinero (aunque yo también tendré mi precio), la falta de dignidad, la hipocresía y a los miserables que viven de las desgracia ajena, en cualquiera de sus facetas. Desde siempre me gusta el invierno, los días tristes de lluvia, observar el cielo estrellado, los astros y la luna, caminando en la tranquilidad de la noche, sintiendo el fresco del rocío en la madrugada, leer poesía o escuchar los sonidos del silencio. ![]()
No se lo que busco en la vida. Tampoco me preocupa en exceso, pues haga lo que haga, no saldré vivo de ella.Prefiero las calles de Bagdad, compartir un te en una chabola de un campamento de refugiados, escuchando a una mujer palestina, o el relato de los mayores, en las antiguas barberías, donde pasaba las horas con aquellas historias de la guerra o aventuras amorosas y fanfarrias, que serían exageraciones o inventos en la mayoría de los casos. No sueño con un crucero por el Mediterráneo o el Caribe. No lo he probado, pero me temo que no tendré oportunidad, por suerte para mi conciencia. Tiendo a complicarme la vida y nunca aprenderé. Me siento orgulloso de muchas cosas y acepto la infinidad de errores y meteduras de pata que he cometido. Siempre aprendo de las situaciones difíciles y muy poco de las escasas satisfacciones de la vida. Me gusta la solidaridad y el compromiso social y político, aunque nadie (o muy contadas personas) lo valoren. No me gusta el conformismo ni la egolatría. Me resultan detestables las actitudes artificiales y empalagosas.
Defiendo el mestizaje de sangre y cultural (un ser perfecto y exclusivo debe ser muy aburrido). Me gusta recordar mis raíces. Nadie debería renegar de su origen, yo me siento totanero y ciudadano del mundo. A todo lo intento sacar la parte positiva y aprender creciendo. Necesito ampliar el conocimiento hasta el último aliento y luchar por lo que creo; aunque se que nunca conseguiré casi nada. Cada día me importa menos lo que pueda pensar la gente, aunque pongo el oído e intento no hacer daño a nadie. No soy anti nada, me gusta lo positivo. Valoro las religiones e ideas políticas, como algo intimo del ser humano, donde no debería mezclarse el estado ni las instituciones. De todas tengo mucho que aprender, aunque me declaro agnóstico y comunista.![]()
En los últimos años han acaecido hechos que han cambiado mi forma de ver la vida. Ser abuelo y la lucha contra el cáncer, son dos de los episodios que me han marcado. Ana, mi nieta, es mi debilidad y creo haber conseguido hacerme amigo de la leucemia, por si me deja vivir un tiempo, “para ver como termina esto”; que diría mi abuela, Eusebia. La enfermedad me animó a escribir y eso es lo que pretendo en este espacio virtual, con la convicción que serán muy pocas las personas que se asomen, o terminen de leer estas torpes letras, de un utópico, inasequible al desaliento. Una vez mas me he “enrollado”, como mal político que soy, cuando no sabía que escribir al comenzar arriba, hace 10 minutos.




